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martes, 27 de septiembre de 2011

Notas al margen

This is a beautiful monster that lives as an outsider. He knows everything about us, our most dark and lonely secrets… even those that we don’t know yet.  This outsider monster don’t give a shit about our projections and ideology (really… who gives a shit?) He is just there, and come around time to time to smell us, and hear us talking about his feet and see us writing endless theories pretending to know how his feet moves… Can you hear him? He’s whispering:

I don’t like to walk
I prefer fly
Oh! Dragon
 ____________Big Dragon>fly, let’s fly, fly away.

sábado, 13 de agosto de 2011

¿A quién engaño?

No me molesta, aunque me lo repita en voz callada mil veces para hacerme creer que sí. La realidad es que siempre quise que el tercio de mis sueños tuviera dueño. Lo que sí me repetiré tres mil veces si es necesario es que aquella noche yo no tenía el vestido más horrible de todo el tendido ¿o sí?.

Escucha el tercio de los sueños para que brindes por lo que tengas qué brindar

Así paramos el mundo


Si de algo me he de declarar adicta es de la saudade, guardo muchas y las uso de vuelta, algunas más que otras pero siempre con devoción casi religiosa. Pero no todo ha de ser melancolía, también colecciono recuerdos más luminosos, más amorosos, de estos siempre tengo historias qué contar pero nunca las cuento completas, digo los detalles, digo la emoción, pero me callo los fragmentos más valiosos, los más pequeños –“tan simple como intentar atorar mi mano en tu cabello”- preferible guardarlos y cuando digo guardar quiero decir esconder (hasta de mí), como cuando guardas un billete dentro de un libro, o una hoja de ceiba dentro de un cuaderno viejo o un boleto de metro de quién sabe qué ciudad dentro de una billetera en desuso.

Así, escondidos he dejado tus ojos y la premura adolescente que nos regalamos en la ciudad donde la primavera sabe que le espero, he de olvidarlos para encontrarlos de nuevo, he de esconderlos para que la sorpresa sea tan inmediata como la lluvia de ciudad.

Quiero decir, yo también tengo mis Monelle.

Nosédónde, Madrid, España. 2011

viernes, 5 de agosto de 2011

Mi Lisboa re-visitada


El monasterio dos Jerónimos es hermoso, suntuoso pero ligero, hay viento que juega en las esquinas y que te refresca del calor que a ratos quema en Lisboa, tiene también una fuente sencilla y necesaria al centro, que puede perderte en ella por horas. Sin duda es el mausoleo perfecto para descansar como en aquél entrañable poema del viejo Sabines que dictaba:

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

Disfrutaba de todo esto pero seguía sin encontrar a Fernando había ya visto muchas de las cosas donde pensaba encontrarlo y ni si quiera su fantasma aparecía, estaba frente a su tumba y aún así me maravillaba más el lugar que la atracción silente que provocan las tumbas, luego volteé a la derecha, al centro del monasterio, donde estaba la fuente, más viva que todos los que andábamos ahí, y llegaron a beber tres gaviotas, volaron rápido y volaron sobre mí, era él y aunque no lo encontré, al menos lo vi, entonces pude escribir:




Aqui estou eu, Fernando, perto de seu corpo, seu corpo que não é mais nada, seu corpo que deu nada na vida, a nada que é tudo o que contém o aberto.

Aqui estou eu, Fernando, e também Alberto, Ricardo e Álvaro, mas não posso ver Soares, não posso encontrá-le ainda.

Aqui estou eu, e são também os pássaros, gaivotas, três ou mais, sei que é você que veio pra me. (17.05.2011)




Lisboa es bello y las palabras se me caen cuando quiero describir toda la belleza que encontré. Allá fui gente tonta, fui feliz, fui tan tonta y feliz que comí junto al Patrón Vásques, ya no es contador como en el Livro do desassossego, ahora es dueño de su pequeño restaurante de cocina tradicional muy cerca –também- de la Basílica da estrela. Vásques cocinó sólo para nosotros, era hora de cerrar, la hora de la siesta, pero se la voló sólo para alimentarnos, yo era la traductora, mi portuñol era patético pero funcional, comí Iscas á portuguesa, lo más tradicional, “o melhor” dijo el Patrón, resultó ser hígado de puerco, y resulta que a mí, ni el hígado, ni el puerco, pero este señor era tan sonriente y amable que como pude me terminé al menos la mitad del platillo:

Vásques- não gostou, nah?
Eu- muito, muito, mas é bastante, eu não posso comer mais.

Él sonrió sabiendo que yo mentía pero al final me dio las gracias con complicidad… ¡qué maravilloso mi Patrón Vasques!, de las personas que más atesoraré del Lisbon de la estrela.


Me despedí de está ciudad con una lluvia oblicua -tenía que ser así-, no pude volver a la Praça do Comércio a la mañana siguiente como lo tenía planeado y eso pesó mucho, pero hay que decir que barrio alto de noche fue mágico. Guardo junto de muchas palabras para Lisboa un ticket del café A brasileira y también un sobre de azúcar que no planeo abrir pronto, lo demás ya se los iré contando o quizá no.




sábado, 23 de abril de 2011

Mayo, otra vez. Ultimatum a mi memoria.


Debe ser que mayo está tocando la puerta, debe ser eso o que el mayo que ahora viene trae consigo nuevos recuerdos a ofrecer, al parecer, unos más dulces.

Mi memoria más que mala es malvada, ha decidido borrar todo y darme a cambio un padre que cada vez conozco menos y cada vez extraño más.

Resulta que la memoria me fragmentó la vida y se retuerce a carcajadas cada vez que digo “…no estoy segura, es que ya no me acuerdo bien…”, pero esto ya no resulta tan trágico, hace a penas un año me escudaba bajo aquél verso aguardentoso del “no sé qué quiero, pero sé lo que no quiero”, hoy sé que quiero una memoria refinada, una que permita guardar sonrisas pequeñas, hacerlo todo en diminuto para poder jugar con los recuerdos a placer y de inmediato.

Esta jodida memoria me ha hecho recordar todo en grande, en partes grandes y  esto resulta tan incomodo como llegar tarde a la sala de cine y no tener otra alternativa mas que sentarte en la primer fila  no entendiendo las explosiones y viendo los besos mounstrificados. Cierto es también que le he exigido a mi memoria mucho más de lo que me debe dar, y esas cosas siempre resultan mal, uno no debe querer convertir a su memoria en un Delorean porque tarde o temprano te quedarás sin basura qué meterle para hacerla funcionar de vuelta; intentar más veces de las necesarias materializar los brazos de mi padre resultó un esfuerzo además de insano para mí y para mi memoria, inútil.

La parte victoriosa de la historia recae en que -basándonos en los hechos- en la mayoría de los casos siempre obtengo lo que quiero; por lo tanto de hoy en adelante mi memoria va a olvidarse del nombre y a quedarse con el ramo de flores para así sonreír completa, le ha llegado la hora a esta memoria hijaeputa en convertirse en una más adecuada a mis necesidades.

Es hora de rehacer las cosas, de construir a mi padre y a mis abuelos en pequeñitas personitas de maqueta: Envitrinables, para así poder verles completos y bonitos, y así ellos puedan conocer mi sonrisa grande, como de verdad comienzo a vivirla.

Liliana Porter 
Si usted quiere volverse loco de gusto con Lilia Porter pinche aquí

martes, 22 de marzo de 2011

De apariciones y credos


Yo sí creo en dios, con o sin mayúscula al principio, tanto creo en él como creo en los milagros, y cuando hablo de los milagros me refiero a todo tipo: desde encontrar dinero en un libro o un pantalón viejo hasta curarte de cáncer terminal o al menos en medio de esta enfermedad entender que el sosiego no está en la salud. Creo por lo tanto en los fantasmas y en los demonios. Creo todo esto tanto como para prender una vela cuando escucho que una puerta se azotó sin razón alguna – la vieja historia que el viento la movió no me la trago-, también creo que la mayoría de las veces ni las velas, ni el copal, ni las oraciones dirigidas funcionan, todo es cuestión de entender que los que amaste y se fueron son energía evolucionada y parte de esa energía está en ti, por lo tanto sé que los demonios también son energía mal conducida, pero como creo en esto tanto como en aquello prendo una vela, a veces no.

Como sea creo en eso y creo en lo otro. Creo en la ambigüedad tanto como creo en la certidumbre, por eso es que también creo en la poesía.

Creo, por ejemplo, que el zorzal que ha hecho del desagüe de mi patio su altar, acomodado justo enfrente de la ventana del estudio donde me siento a trabajar, es el mismo Pessoa, creo que es él y lo creo tanto que no me sorprende, sólo le sonrío y sigo citándolo en mi tesis.

Es con toda esta fe ramificada que he construido mi doctrina y con ella me he hecho de liturgias propias, soy la deísta más atea que conozco, la más agradecida y la más renegada.


La canción para el zorzal: