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sábado, 23 de abril de 2011

Mayo, otra vez. Ultimatum a mi memoria.


Debe ser que mayo está tocando la puerta, debe ser eso o que el mayo que ahora viene trae consigo nuevos recuerdos a ofrecer, al parecer, unos más dulces.

Mi memoria más que mala es malvada, ha decidido borrar todo y darme a cambio un padre que cada vez conozco menos y cada vez extraño más.

Resulta que la memoria me fragmentó la vida y se retuerce a carcajadas cada vez que digo “…no estoy segura, es que ya no me acuerdo bien…”, pero esto ya no resulta tan trágico, hace a penas un año me escudaba bajo aquél verso aguardentoso del “no sé qué quiero, pero sé lo que no quiero”, hoy sé que quiero una memoria refinada, una que permita guardar sonrisas pequeñas, hacerlo todo en diminuto para poder jugar con los recuerdos a placer y de inmediato.

Esta jodida memoria me ha hecho recordar todo en grande, en partes grandes y  esto resulta tan incomodo como llegar tarde a la sala de cine y no tener otra alternativa mas que sentarte en la primer fila  no entendiendo las explosiones y viendo los besos mounstrificados. Cierto es también que le he exigido a mi memoria mucho más de lo que me debe dar, y esas cosas siempre resultan mal, uno no debe querer convertir a su memoria en un Delorean porque tarde o temprano te quedarás sin basura qué meterle para hacerla funcionar de vuelta; intentar más veces de las necesarias materializar los brazos de mi padre resultó un esfuerzo además de insano para mí y para mi memoria, inútil.

La parte victoriosa de la historia recae en que -basándonos en los hechos- en la mayoría de los casos siempre obtengo lo que quiero; por lo tanto de hoy en adelante mi memoria va a olvidarse del nombre y a quedarse con el ramo de flores para así sonreír completa, le ha llegado la hora a esta memoria hijaeputa en convertirse en una más adecuada a mis necesidades.

Es hora de rehacer las cosas, de construir a mi padre y a mis abuelos en pequeñitas personitas de maqueta: Envitrinables, para así poder verles completos y bonitos, y así ellos puedan conocer mi sonrisa grande, como de verdad comienzo a vivirla.

Liliana Porter 
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